Como neblina
Al irme a trabajar, noto que está lloviznando, pero no hago mucho caso porque el trayecto no es tan largo, y aquí entre nos: odio devolverme.
A los 5 minutos me arrepentí de mi decisión porque la lluvia apretó, pero sigo adelante porque iba tarde y como ya dije: no me gusta devolverme. No me pregunten porqué, ni yo misma lo sé.
Pero aproveché mi ahora húmedo trayecto para hablar con Dios y pedirle misericordia, en verdad necesitaba la ayuda de Dios para volver a entrar a ese salón de clases y ser una buena influencia en mis alumnos. En verdad le pedí que me ayudara.
Al finalizar el devocional, me dirijo a mi curso, medio temerosa de lo que me aguardaba, pero aún orando.
Entran mis alumnos al aula, noto que están medio alborotados. Pienso “ay no…” pero sigo orando.
Tuve una clase maravillosa. Dios me dio sabiduría y paciencia para hablar en voz baja, y dar una clase divertida (fue improvisada) Dios proveyó una pelota de fútbol y jugamos. Todo fue simplemente magistral. Me encantó.
Al salir al patio, Melo me da una muy extraña noticia: “Ceballo cuando salí a comparar frutas alguien me dijo que te dijera que por tu casa se mató un muchacho que estaba subido en una mata de mango, un palo se le atravesó” y ella hace la mímica de que le entró por un oído y le salió por el otro, o sea que le atravesó la cabeza”. Yo quedo anonadada por la noticia, y me pregunto varias cosas: uno, quién rayos le dijo eso, dos, quién será ese muchacho, ¿en verdad lo conoceré yo? Lamento por un breve instante su trágica muerte y luego me consuelo pensando que quizá no lo conozco y al rato, lo olvido.
Al llegar a mi casa, veo a mi madre con cara de angustia que me dice: “¿tu te acuerdas de Luis Manuel el hijo de Norma? El se murió” Rápidamente se hizo la conexión eléctrica en mi cerebro y recuerdo el mensaje de Melo…le respondo lo que me contaron. Adentro de la casa papi y ella me dan más detalles de lo ocurrido: El estaba tumbando mando en el patio de su casa, cayó de la mata y una rama le atravesó la barriga en diagonal hasta salirle cerca del cuello. Ni siquiera llegó al suelo, quedó colgando en el árbol. Fue algo trágico, solo imaginarlo da escalofríos. Lo triste es que al escuchar el ruido, la madre del joven sale al patio y ve su hijo colgando con una rama atravesando la mitad de su cuerpo sangrante. Fue tal el choque emocional, que sus gritos se escucharon a más de 4 calles de distancia, y ella solo pudo correr y correr sin dirección. Su nieto un valiente jovencito de 10 años corre para alcanzarla, la abraza fuertemente y detiene su huida, su escape de el dolor.
Wow, yo no sólo conocía aquel joven, si no que él hasta venía a la iglesia y llegó a ser uno de mis alumnos cuando yo alfabetizaba adultos. Ni siquiera se llamaba Luis Manuel, su nombre era JOSE MANUEL. ¡Dios! Qué cargo de conciencia experimenté al no saber si él murió en Cristo, si él llegó a tener un encuentro real con el Señor, quizá yo pude haber hecho más por él. Invitarlo, motivarlo a volver, visitarlo… pero no lo hice.
¡Qué breve es la vida! ¡Es realmente como una neblina!
La vida se acaba y la pregunta es: ¿estamos anunicando el mensaje de salvación a aquellos que están sin Cristo?
Y tu amigo ¿qué estás haciendo con tu efímera vida?
Solo vale la pena vivirla de una forma: para El, que te creó y te amó hasta el punto de morir en una cruz por tí.
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